• La cocina de Bárbara

Alcachofas hasta la última hoja

Actualizado: jun 11

No necesitan nada. Bueno, una pizca de sal y un generoso chorro de aceite de oliva virgen intenso. El secreto está en el golpe y en el tiempo de horno. La preparación no podría ser más sencilla, y una vez hechas aguantan en perfecto estado para dejarlas en el frigo y comer una cada día casi una semana, como primer plato.


Así que, ya que nos ponemos, casi mejor apostar por hacer más de la cuenta. Es una alegría cuando un martes cualquiera que se te echa el tiempo encima para cenar, descubres en la nevera alcachofas en compás de espera, envueltas en papel de aluminio. Si vamos con prisa, las desenvolvemos y con dos minutos al microondas a 360W están listas para servir. Si somos previsores, el calentado en el horno sin quitar el aluminio funciona perfectamente, a 120º unos 15 minutos.


Mi relación con las alcachofas se remonta a mi infancia. De vez en cuando, mi madre preparaba para cenar una fuente de alcachofas con ajitos sofritos por encima. No era muy habitual (en mi casa la cena era huevo frito con algún acompañamiento), y lo cierto es que la noche que tocaba este menú, no me hacía nunca mucha ilusión. Siendo más mayor empecé a apreciarlas y cuando me trasladé (hace ya muchos años) a vivir a Barcelona, se convirtieron en una propuesta irrechazable. Lo habitual era encontrar alcachofas en las cartas de bares y restaurantes, preparadas de las más diversas maneras. De aperitivo, por ejemplo, esas alcachofas cortadas en láminas, rebozadas y fritas, me parecían, y todavía me parecen, una delicia.


Ingredientes:


Alcachofas

Sal gorda

Aceite de oliva virgen intenso y rico


Papel de alumino


Las alcachofas están siempre buenísimas, vengan de donde vengan. Aquí nos llegan del Prat, por proximidad, y también de Alicante, pero Valencia, Navarra, Rioja o la huerta murciana, entre otras, las dan exquisitas. Claro, que el aspecto te da pistas inequívocas de si estamos en temporada o no. Idealmente, para este plato, mejor que lo estemos, y así nos aseguramos de que sean hermosas (que no necesariamente grandes), apretadas y de aspecto fresco. Si se utilizan para un puré de verdura, por ejemplo, no importa tanto que sean muy bonitas mientras mantengan la intensidad del sabor.


Los pasos a seguir son sencillos. Lo primero, con la alcachofa cogida por el tronco y boca abajo, la golpeamos contra la tabla o la encimera. Nada de segar la parte superior para dejarlas chatas. Lo hacemos con la alcachofa íntegra. La finalidad es que se abran las hojas, puedan entrar bien por ese hueco la sal y el aceite y nos deje ver, o al menos intuir, el corazón. Con esto es suficiente.

En este punto, cortamos el tronco a ras para que la alcachofa se sujete de pie, y hacemos dos incisiones con el cuchillo en forma de cruz en la superficie de la base cortada. Entonces, un buen chorro de agua por encima para lavarla, y sin escurrir apenas, la colocamos de pie sobre el papel de aluminio. Conviene dejar preparado el papel, cortado ya en tantos cuadrados como alcachofas tengamos para hacerles sus nidos.


El planteamiento es que cada paso lo llevamos a cabo para todas las alcachofas, y así iremos a mejor ritmo para tenerlas todas listas para el horno a la vez. Cuando hemos colocado cada una en su sitio, las medio envolvemos para poder echar la sal y el aceite. Primero una ronda de sal, una pizca y pico en cada una, y luego un abundante chorro de aceite, tanto en el hueco que hemos abierto al golpearla como por los bordes.



Una vez aliñadas, se termina de cerrar cada nido y las colocamos en la bandeja del horno, a media altura. El horno no lo pre-caliento. Bueno, lo enciendo un poco antes (cuando me acuerdo) y lo pongo a 180º C, pero no me espero a que esté a temperatura si antes las tengo listas. Van directas. A partir de aquí, depende del tamaño de las alcachofas, la sesión de horno puede durar hasta 1 hora y media. Apago y las dejo allí 15 minutos más.

Quedan tiernas desde las hojas exteriores, que se aprovechan hasta el extremo (extremo físico, literalmente). El sabor, maravilloso, y además, una propuesta de lo más saludable. La alcachofa es rica en vitaminas, minerales esenciales y antioxidantes, ayuda a controlar el colesterol y además es un diurético natural muy probado. Muchos hipertensos complementan sus tratamientos tomando el agua de hervir las alcachofas, y al parecer funciona.


Más sobre la alcachofa:


Si te ha gustado, no te pierdas el truco de cómo comerlas para aprovecharlo todo, en nuestra Escuela de Cocina.