• La cocina de Bárbara

Crema de tomate amarillo

No se trata de reinterpretar el gazpacho ni el salmorejo, que no les sobra ni les falta nada. Esta sopa o crema fría de tomate amarillo recoge algunos de los ingredientes de estas maravillosas recetas de tomate, sin intención alguna de ser una versión mejorada. Es simplemente una alternativa, con personalidad suficiente para que no tenga que recordarnos a nada en concreto.

Lo contrario me resultaría un tanto pretencioso. El reto de hacer una versión de alguna obra maestra de la música, por ejemplo, me ha parecido siempre una locura. Intento recordar alguna versión que me haya gustado más que la original, y no me viene nada. Incluso me cuesta pensar en alguna que conviva en armonía con la original. Complicado. Así que esta receta de tomate amarillo pretende ser simplemente una propuesta para comer un plato fresco, rico, sano y especialmente indicado para los amantes del tomate. Me cuento entre ellos.



Ingredientes:

  • 3 tomates amarillos

  • 1 pimiento verde mediano

  • 1 diente de ajo

  • Un poco de pan (4 o 5 trozos cortados a mano de pan duro o congelado)

  • Jengibre, una rodaja de un dedo más o menos, cortada en trozos

  • Pepino, un par de rodajas

  • Albahaca, 4 o 5 hojas

  • Aceite de oliva (un chorro generoso para cubrir un par de dedos del vaso de la batidora)



Preparación:

No tiene misterio. El truco está en dar en el clavo con los ingredientes y sus proporciones. Y por supuesto, que los productos sean frescos y de calidad; tomate de ese que sabe a tomate, por ejemplo. El equilibrio del sabor de este plato, entre dulce, cítrico, suave y fresco, se consigue utilizando las cantidades adecuadas de cada uno de estos productos, asegurando el respeto mutuo.

Así que sí, esta vez sí doy indicaciones más concretas de cuánto de cada. Así no hay dudas. De todas formas, corregir las proporciones por consistencia o por sabor, siempre que se trate de añadir es fácil y se puede hacer en cualquier momento del proceso.

El otro secreto es el tiempo de batido, suficiente para que emulsione y conseguir una consistencia cremosa que no está reñida con la ligereza en el paladar y en el estómago.






Fácil y rápido de hacer. Unas hojas de albahaca para decorar, y un chorro simbólico de aceite de oliva. Listo para comer.

¡Que aproveche!