• La cocina de Bárbara

Berenjenas con final feliz

Al menos final feliz para los comensales, que no tanto para las berenjenas. Aunque bueno, habiendo nacido para tal fin, lo más conveniente es proceder. Tarde de domingo de confinamiento con la nevera un tanto vacía por aquello de evitar posibles colas de fin de semana en el súper, un poco de hambre, no demasiado tiempo y ganas de preparar una cena rica, no cualquier cosa, rápida y ligera. La cosa salió de cine.



Hablaba de la felicidad, de la berenjena y de los estómagos de los entregados a la causa de rematar el domingo con alguna alegría más, si es posible. De la berenjena, lo dicho, cultivada para terminar en alguna cocina. En una ocasión traje un paté de impala de Sudáfrica, muy popular allí, y lo saqué a la mesa en un aperitivo con familia y amigos. El clamor general parecía recriminar la propuesta, poniendo pegas además a la posibilidad de comer esa pasta resultante a partir de la caza de un mamífero amable, inocente, simpático al fin. Mi hijo mayor, mayor pero pequeño y entonces aún más, apuntó que, si lo comíamos, al menos su muerte no habría sido en vano: “Vaya decepción se llevaría el pobre animal”, sentenció. Resultó de lo más convincente, y no hizo falta entrar en más detalles sobre la extensa población de impalas que viven en aquellas tierras y que convierten a este animal en algo parecido al "ganado" al que nosotros estamos acostumbrados, para que todos y cada uno de los reunidos a la mesa se lanzarán a la prueba de este sabroso paté.

Volviendo a mi cocina, a la alegría de los estómagos y a los experimentos con final feliz, resultó que la berenjena y demás ingredientes se entendieron a la perfección. La pinta ya da buenas pistas. Las texturas y los sabores están a la altura.




Ingredientes:


1 berenjena

Harina

Aceite de girasol

1 aguacate (lo había sacado del frigo dos días antes de casualidad, para que madurara al aire porque estaba muy duro)

Queso fresco

Anchoas

Salsa Romesco (me quedaba un poco en un tarro de El Molí de Pomerí, mi preferido)

Aliños varios (pimienta, albahaca, una pizca de sal en las berenjenas...)

Semillas de lino, que me gustan y parece que son muy saludables y ricas en fibra (podría ser sésamo, semillas de amapola, pipas de calabaza, de girasol, o simplemente nada).


No sé si lo parece o no, pero era lo que encontré en casa. Y se me ocurrió que podría combinar. Pensé en tomate fresco, pero al ver el romesco me pareció que combinaría perfecto, así que para no desistir de las anchoas, que de pronto me resultaban muy apetecibles, monté uno de cada, alternando estos dos ingredientes de fuerte intensidad pero en absoluto incompatibles para estar cerca.

Primero la berenjena, cortada en rodajas gruesas, pasadas por harina y a la sartén con fuego fuerte. Se trata de que se doren, pero no queden aceitosas, y eso con la berenjena no es fácil. A riesgo de que queden poco hechas (no fue el caso) y asegurando que se queden doradas y crujientes por fuera, fuego fuerte es la receta. Y por supuesto, al sacarlas recomiendo dejarlas sobre papel de cocina para que terminen de soltar el exceso de aceite que puedan tener.



Para montar el plato espera un poco a que estén templadas. En ese momento ya podemos ir organizando lonchas de queso fresco, el aguacate bien cortado en rodajas (grosor al gusto), y colocamos. Las anchoas, la salsa romesco y demás aliños varios, al final. Y a disfrutar.



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